Con éste, quiero iniciar una serie de posts sobre la atención a los Testigos de Jehová. La idea surge a raíz del taller "Atención a Testigos de Jehová y otras situaciones conflictivas en la clínica" impartido por la Prof. Rueda Camino (del Centro de Enfermería de S. Juan de Dios del Aljarafe) en el marco de las II Jornadas de la Primavera, organizadas por la Delegación de Alumnos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sevilla.
En el post de hoy quisiera profundizar en el origen del conflicto.
En primer lugar, podríamos preguntarnos quién dirige, o al menos coordina esta política moral. Bien, podemos encontrar el liderazgo ideológico en la Sociedad Watchtower que a través de sus publicaciones periódicas instruye a la comunidad en cuanto a los estándares morales que se esperan de la misma.
Podemos encontrar el fundamento del rechazo a la terapia con sangre en algunos pasajes bíblicos (sobre todo de Antiguo Testamento) que la comunidad de los Testigos de Jehová interpreta de la forma más literal y amplia posible:
- Génesis 9, 3-4: "Todo lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento: así como las legumbres y plantas verdes, os lo he dado todo. Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis."
- Levítico 17, 13-14: "Y cualquier varón de los hijos de Israel, o de los extranjeros que moran entre ellos, que cazare animal o ave que sea de comer, derramará su sangre y la cubrirá con tierra. Porque la vida de toda carne es su sangre; por tanto, he dicho a los hijos de Israel: No comeréis la sangre de ninguna carne, porque la vida de toda carne es su sangre; cualquiera que la comiere será cortado. "
- Hechos 15, 28-29: "15:28 Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis."
Así, al interpretarlo de una forma rigorista, el concepto de comer carne, podría extenderse a la práctica de transfusiones de sangre y hemoderivados. Cabe decir, que hasta el año 1980 los trasplantes de órganos eran considerados canibalismo, y que fue en ese año cuando la publicación de la comunidad, La Atalaya, publicó un artículo en el que afirmaba que la Biblia no era taxativa al respecto y cada testigo de Jehová debería actuar según le dictase su propia conciencia. Y, como dato curioso, hasta el año 1952 también prohibían las vacunas, tildándolas de prácticas demoníacas.
Sin embargo, y nos puede resultar curioso, pero sí admiten las transfusiones de albúmina, factores de coagulación VIII y IX, inmunoglobulinas y la hemodiálisis, simpre y cuando, la circulación extracorpórea no se interrumpa en ningún momento (sin embargo no podríamos sacarle sangre a un paciente y luego trasfundírsela en una cirugía, por ejemplo, ya que ha sido almacenada, o lo que es lo mismo, ha estado totalmente separada del cuerpo).
Esto es así puesto que afirman que la albúmina es un componente menor del plasma (aunque sea la proteína más abundante) o que las inmunoglobulinas atraviesan la barrera placentaria de forma natural (sin embargo, los eritrocitos, que también la atraviesan, no pueden ser trasfundidos).
En definitiva, el conflicto se basa en dos situaciones: la interpretación rigorista de las escritos bíblicos y, por otro lado, la separación falaz de los componentes de la sangre en "menores" y "mayores" y el desconocimiento de la dinámica fetoplacentaria.
Imagen: portada de un número de la publicación La Atalaya.




