martes, 7 de mayo de 2013

Testigos de Jehová (I): el conflicto y su origen.

Con éste, quiero iniciar una serie de posts sobre la atención a los Testigos de Jehová. La idea surge a raíz del taller "Atención a Testigos de Jehová y otras situaciones conflictivas en la clínica" impartido por la Prof. Rueda Camino (del Centro de Enfermería de S. Juan de Dios del Aljarafe) en el marco de las II Jornadas de la Primavera, organizadas por la Delegación de Alumnos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sevilla.

En el post de hoy quisiera profundizar en el origen del conflicto.

En primer lugar, podríamos preguntarnos quién dirige, o al menos coordina esta política moral. Bien, podemos encontrar el liderazgo ideológico en la Sociedad Watchtower que a través de sus publicaciones periódicas instruye a la comunidad en cuanto a los estándares morales que se esperan de la misma.

Podemos encontrar el fundamento del rechazo a la terapia con sangre en algunos pasajes bíblicos (sobre todo de Antiguo Testamento) que la comunidad de los Testigos de Jehová interpreta de la forma más literal y amplia posible:


  • Génesis 9, 3-4: "Todo lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento: así como las legumbres y plantas verdes, os lo he dado todo. Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis."

  • Levítico 17, 13-14: "Y cualquier varón de los hijos de Israel, o de los extranjeros que moran entre ellos, que cazare animal o ave que sea de comer, derramará su sangre y la cubrirá con tierra. Porque la vida de toda carne es su sangre; por tanto, he dicho a los hijos de Israel: No comeréis la sangre de ninguna carne, porque la vida de toda carne es su sangre; cualquiera que la comiere será cortado. "
  • Hechos 15, 28-29: "15:28 Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis."


Así, al interpretarlo de una forma rigorista, el concepto de comer carne, podría extenderse a la práctica de transfusiones de sangre y hemoderivados. Cabe decir, que hasta el año 1980 los trasplantes de órganos eran considerados canibalismo, y que fue en ese año cuando la publicación de la comunidad, La Atalaya, publicó un artículo en el que afirmaba que la Biblia no era taxativa al respecto y cada testigo de Jehová debería actuar según le dictase su propia conciencia. Y, como dato curioso, hasta el año 1952 también prohibían las vacunas, tildándolas de prácticas demoníacas.

Sin embargo, y nos puede resultar curioso, pero sí admiten las transfusiones de albúmina, factores de coagulación VIII y IX, inmunoglobulinas y la hemodiálisis, simpre y cuando, la circulación extracorpórea no se interrumpa en ningún momento (sin embargo no podríamos sacarle sangre a un paciente y luego trasfundírsela en una cirugía, por ejemplo, ya que ha sido almacenada, o lo que es lo mismo, ha estado totalmente separada del cuerpo).

Esto es así puesto que afirman que la albúmina es un componente menor del plasma (aunque sea la proteína más abundante) o que las inmunoglobulinas atraviesan la barrera placentaria de forma natural (sin embargo, los eritrocitos, que también la atraviesan, no pueden ser trasfundidos). 

En definitiva, el conflicto se basa en dos situaciones: la interpretación rigorista de las escritos bíblicos y, por otro lado, la separación falaz de los componentes de la sangre en "menores" y "mayores" y el desconocimiento de la dinámica fetoplacentaria.

Imagen: portada de un número de la publicación La Atalaya.

viernes, 26 de abril de 2013

¿Y si no sé qué le ocurre a mi paciente?

El otro día estábamos hablando en el despacho de la Delegación de Alumnos sobre lo importante que era seguir estudiando una vez que acabes la carrera, de seguir actualizándose. Una cosa llevó a la otra y al final acabamos hablando sobre qué haríamos si no supiéramos cómo abordar al paciente.

Al final había dos posturas: la de decirle abiertamente: "mire, ahora mismo no sé qué le ocurre con exactitud, déjeme un par de días para que investigue y pueda darle una respuesta más certera"; y la de hacerlo volver a los dos o tres días, pero sin decírselo, algo así como: "dejemos que esto evolucione un par de días,  entonces veremos".



Bien es cierto que algunos pacientes reaccionarán mal ante la constatación de que su médico no sabe algo, pero también es cierto que otros pueden reaccionar mal ante un médico que le "da largas" y encima no reconoce que no lo sabe.

¿Qué haría yo? Yo pienso que lo mejor es ser sincero. El paciente debe saber que la Medicina no es una ciencia exacta y que su médico puede no saber algo o bien equivocarse, y no por ello dejar de ser un buen médico. Creo además, que una buena relación médico-paciente se basa en la confianza, y no puede haber confianza si no hay sinceridad.

Pero la pregunta más importante es: ¿qué haríais vosotros?

domingo, 7 de abril de 2013

Primeras impresiones

No he podido dejar de reparar a lo largo de estos cuatro años que llevo ya haciendo prácticas en el hospital en un hecho que algunos han asumido como normal. Se trata del abordaje inicial de un paciente. En más de una ocasión he asisto a escenas del tipo: "Buenos días, Sr. X, abra la boca..." y acto seguido introducir un depresor lingual hasta la campanilla.

Imaginemos que somos nosotros los que estamos en esa cama. ¿Qué nos gustaría que nos dijesen?

En primer lugar, me gustaría saber quién me habla y si es el médico, el enfermero, el celador o el familar de mi "vecino". No cuesta nada decir "Buenos días, Sr. X, soy Josan Rueda, estudiante de Medicina".

En segundo lugar, me gustaría que tuvieran un poquito de consideración hacia el hecho de que he dormido fuera de casa, en una cama extraña. "¿Qué tal se encuentra, ha podido descansar?" Además, preguntas de este tipo harían que yo sintiera más simpatía por mi médico y me ayudaría a ver que se está preocupando por mí.



A continuación, cuando empiecen a hacerme la historia o bien a explorarme me gustaría que me advirtiesen. No me resultaría muy agradable que me dijesen "abra la boca" y me introduzcan un objeto que me provocará náuseas. En su lugar, preferiría que me dijesen "he venido a hablar un poco con usted para poder hacer su historia", "¿podría descubrirse para que escuche su corazón y sus pulmones?", "voy a tocar su barriga para ver cómo está", "cuando le meta el palito en la boca, respire por la boca, así tendrá menos náuseas".

¿Es técnicamente necesario todo esto para poder hacer una buena exploración o una historia clínica? Pues muy probablemente, no. Lo que sin duda será mejor es la relación con nuestro paciente. Son gestos que quizá por la rutina de nuestro trabajo vamos perdiendo poco a poco, pero que nos tenemos que esforzar en mantener.

¿Acaso no es fundamental la primera impresión que alguien nos da? :)

Imagen: fotograma de la película "Patch Adams".

viernes, 22 de febrero de 2013

La conspiración de silencio




Uno de los temas clásicos en Bioética es "la conspiración de silencio". Con esta expresión nos referimos a aquellas situaciones en las que la familia de un paciente decide no contarle al paciente lo que le está sucediendo (generalmente, algo grave) y además, pide al médico y demás profesionales de la salud que tampoco lo hagan.

Es una situación muy complicada para los profesionales, ya que se enfrentan, por un lado a la posibilidad de una familia realmente hostil si deciden dar la información al paciente, lo que conllevaría un grave deterioro de la relación clínica y por otro lado, el derecho del paciente a conocer qué le está ocurriendo. 

¿Cuál es el principio fundamental que violamos? Sin lugar a dudas, el de Autonomía. Al ocultarle al paciente los detalles de su proceso le estamos privando de disponer libremente de su salud y de tomar las decisiones que estime oportunas tanto con respecto a su proceso asistencial (medidas diagnósticas y terapéuticas a las que desea o no someterse, establecimiento de unas voluntades vitales anticipadas), así como a otros aspectos de su vida civil.

Por otro lado, estaríamos actuando en contra de la ley, ya que la Ley 41/2002 básica reguladora de la Autonomía del paciente establece claramente que el primer titular del derecho a la información es el paciente, y que en todo caso, podría ser éste el que se negase a informar a su familia.



¿Qué podríamos hacer entonces para intentar convencer a la familia de la necesidad de informar al paciente?

  1. Crear un ambiente en el que la familia pueda expresar sus dudas y temores, que en ocasiones, están en el origen de la negativa a informar al paciente.
  2. Hablar sobre la necesidad de que el paciente sepa qué le ocurre, ya que de otra forma, le estarían privando de su derecho a tomar decisiones de una gran trascendencia para su vida.
  3. Explicar a la familia que, generalmente, la información no produce un efecto negativo sobre la salud del paciente, bien al contrario, le ayuda a afrontar su situación y a poder plantear los temores que él siente.
  4. Ofrecerles la posibilidad de adaptar la información según ellos crean que mejor se adapta a las características del paciente, siempre que esto no conlleve una eliminación de información fundamental.
Si aun así la familia continuara negándose a informar al paciente, el médico deberá hacerlo, aunque ello suponga una brecha en la relación clínica.

Recordemos que el único que puede decidir no dar la totalidad de información al paciente es el médico, si estima que la verdad será iatrogénica, lo que conocemos como "privilegio terapéutico", e incluso en este caso, parte de la información ha de ser suministrada.

Fuente de la imagen: http://3.bp.blogspot.com/-E78tFAhrpvM/Tz7c2hJ1-bI/AAAAAAAAAEY/0Un3Tq1U_g4/s1600/silencio-hospital1.jpg




domingo, 20 de enero de 2013

Aborto: supuestos y plazos.

Siempre hablamos de aborto, hablamos de leyes de supuestos o leyes de plazos. Quiero hablar con vosotros sobre ambos casos y ver qué es lo que preferís. 

Una ley de supuestos es aquella en la que el aborto se permite cuando se dan unas circunstancias previstas en la ley. Por ejemplo: malformación incompatible con la vida. Los supuestos pueden ser muy restrictivos (sólo el que he mencionado, por ejemplo) o muy permisivos (gran número de supuestos).

Una ley de plazos es aquella en la que el aborto se permite hasta un momento determinado de la gestación, sin que hayan de cumplirse otros requisitos que no sean el tiempo. Por ejemplo, aborto legal hasta la semana 14.

En España, tanto la ley anterior como la actual son mixtas. La anterior permitía el aborto en tres supuestos (riesgo para la salud física y/o psíquica de la madre hasta la semana veintidós, malformación incompatible con la vida en cualquier momento y que el embarazo fuera derivado de una violación, hasta la semana catorce). En la ley actual se permite el aborto por petición de la mujer sin necesidad de hallarse en ningún supuesto hasta la semana catorce, y se amplía hasta las veintidós semanas cuando se cumplan los supuestos de la anterior ley.



¿Qué tipo de ley creo yo que es mejor? En mi opinión, una ley de supuestos, que no tienen por qué ser los que teníamos antes. ¿Y por qué? Porque una ley de supuestos protege los derechos tanto de la mujer como del nasciturus. La madre tiene la posibilidad de abortar y a su vez, el nasciturus, como ser humano, también ve protegido sus derechos, gracias a las restricciones que establece la ley.

Esto no ocurre en una ley de plazos. En una ley de plazos, dentro del plazo establecido por la ley, no existe ningún tipo de restricción, por lo que tan sólo se protege el derecho de la mujer a abortar, y de ninguna forma los del nasciturus a continuar su desarrollo.

Por lo tanto, estoy a favor de una ley de supuestos, ya que aunque haya unos supuestos muy permisivos, la encuentro más equilibrada que una de plazos.

¿Qué opináis vosotros? 

Imagen: Ecografía semana 20.
Fuente: http://www.clinica-plana.es